La puerta de entrada a la domótica
Si la domótica fuera una casa, la bombilla E27 (el 'casquillo gordo' de toda la vida) sería los cimientos. Es el accesorio indispensable por excelencia y, casi con total seguridad, la primera cosa inteligente que entra en cualquier hogar.
¿Por qué? Porque es la reforma más barata y sencilla que existe: no necesitas llamar a un electricista ni tocar cables. Simplemente desenroscas tu vieja bombilla, enroscas la nueva y voilà, tu lámpara de techo o de pie acaba de viajar al futuro.
¿Qué ganas realmente con esto? Más allá de la novedad de decirle Alexa, enciende el salón (que, seamos sinceros, mola mucho al principio y luego te acostumbras), la magia real está en la regulación. Poder bajar la intensidad de la luz al 20% para ver una película o ponerla en un tono cálido para relajarte antes de dormir cambia por completo cómo sientes tu casa.
El poder de las automatizaciones: Aquí es donde la bombilla deja de ser un juguete y se vuelve útil. Puedes configurarlas para:
- Despertador solar: Que se enciendan suavemente 10 minutos antes de que suene tu alarma.
- Seguridad: Que se enciendan y apaguen solas cuando estás de vacaciones para simular que hay gente en casa (Simulación de presencia).
- Ahorro: Que se apaguen solas si te vas de casa (usando la ubicación de tu móvil).
La letra pequeña que nadie te cuenta (y debes saber): Para que una bombilla inteligente funcione, siempre tiene que tener corriente. Esto significa que el interruptor de la pared debe estar siempre encendido. Si tú (o tu pareja, o una visita) le dais al interruptor de la pared por costumbre y cortáis la luz... la bombilla se vuelve tonta, se desconecta del Wi-Fi y no responderá ni a la voz ni a la app hasta que vuelvas a darle al interruptor.
Consejo de experto: Mucha gente acaba comprando botones inalámbricos para evitar la tentación de tocar el interruptor físico.